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jueves, 15 de septiembre de 2011

Capitalismo, Represion Sexual y Consumo




El recto caminar


Por Javier sáez


La capacidad de digestión de los sistemas sociales es casi ilimitada. El capitalismo del siglo xix era un capitalismo de producción, basado en una mano de obra abundante para la fabricación de mercancías. Este sistema favoreció la natalidad en el seno de las familias, y proscribió las prácticas sexuales estériles, como la homosexualidad y la masturbación.

El capitalismo del siglo xx cambia de forma, y se convierte en un capitalismo de consumo. El motor de las economías es su capacidad de gasto. La automatización de los procesos hace que sobre cada vez más mano de obra, y a la vez se hace necesario que todos los individuos consuman cada vez más objetos. En esta dinámica del gasto, cualquier colectivo es admitido y reconocido en la medida en que sea agente del consumo; por ello, los homosexuales van a ser aceptados cada vez más en el seno de las sociedades capitalistas occidentales. Por otra parte, la masturbación pasa a ser reconocida como práctica normal, y es incluso fomentada desde el discurso médico-psiquiátrico como algo "saludable".

Esta normalización del homosexual como consumidor se realiza por medio de la generación de un conjunto de objetos de consumo y espacios de ocio dirigidos a los gais, y a la codificación y conformación de dichos gustos. Los gais -presuntos consumidores- son consumidos por esta propaganda. El único espacio de representación posible es el del mercado, que etiqueta a los colectivos destinatarios fijándolos a una identidad grupal y -en ocasiones- subjetiva.

El potencial subversivo de la disolución de los géneros queda desactivado en favor de una categorización identitaria. La pinza del discurso psicológico y del discurso económico fija a los gais en su casilla correspondiente. Sus reivindicaciones se limitan a conseguir los privilegios que generó el capitalismo para proteger la propiedad privada: el matrimonio. No es extraño que una sociedad con una tradición tan mercantil como la holandesa haya sido pionera en reconocer estas prebendas a los gais y lesbianas. La lucha de clases nos afecta más de lo que pensamos. El capitalismo no es -en contra de lo que los manuales estalinistas suelen decir- algo "económico". Es una maquinaria que atraviesa los lenguajes, las identidades, los discursos, el ocio, las formas de representación, el uso de los cuerpos. Subsunción de lo real en el capital.

Paralelamente, la revolución que había inaugurado freud en el comienzo del siglo xx, el psicoanálisis, va a sufrir una neutralización brutal a manos de ese mismo mercado. Olvidando (o rechazando) el cuestionamiento radical del sujeto que plantea freud, las generaciones posteriores de psicoanalistas van a convertir esta disciplina en una nueva chuchería para el mercado de la salud mental. Contra esta miseria de las ciencias humanas levanta lacan su extraordinario edificio teórico, un retorno a la radicalidad de freud que le costó su expulsión de la asociación psicoanalítica internacional.

Freud lleva los discursos de la filosofía y de la psicología a un punto de crisis sin retorno, problematiza cualquier identidad sexual (incluyendo la heterosexualidad), afirmando la imposibilidad de construir un saber sobre el sujeto, asumiendo la pérdida del ser por lo simbólico, y destruyendo el mito de la armonía entre los sexos. Desde ese lugar vacío las estrategias de liberación gais y lesbianas pueden construir líneas de lucha de una enorme potencia subversiva. Para evitarlo, los maestros de la divulgación y los académicos de la universidad han reducido el trabajo de freud y de lacan a una rosario de tópicos donde vuelven a anidar la esperanza, el saber y la normalización sexual. El complejo de edipo sería, según esta vulgata freudiana, un proceso de "maduración" natural que conduciría a una identidad sexual final sana. Los que tropiezan en este camino de perfección serían los pobres neuróticos y los psicóticos, mientras que los que avanzaron firmes en el sendero del "equilibrio" alcanzan la felicidad. Y si no, unas sesiones de diván nos devolverán al recto caminar (del otro recto, nada que aprender). El psicoanálisis en la coctelera de la new age: energías positivas, autoestima, ayuda, felicidad, salud mental, sexualidad armónica, paz interior. El mismo higienismo, la misma esperanza, el mismo miedo. Dios siempre se cuela por la puerta trasera.

El consumo (de objetos y de sujetos) nos seduce con su semblante de satisfacción, y desactiva el activismo político. Las estrategias de lucha de gais y lesbianas deben articularse con las de otros colectivos, por fuera o al margen de los cebos del amo. El enemigo no es (sólo) la homofobia, sino la matriz que subyace en el odio al otro: a un goce distinto, a una lengua distinta, a una piel distinta, a una clase distinta. Un gitano rico ya no es un gitano, es "el señor montoya". Un gai rico ya no es un maricón, es "ese chico tan majo del 5º". ¿están entre nuestras preocupaciones la pobreza, el racismo, la tortura, la explotación laboral, el derecho a la vivienda, la locura armamentista? Si, como decía gramsci, un fascista es un liberal asustado, ¿en qué dirección correremos cuando "nuestros intereses" se vean amenazados?

viernes, 19 de agosto de 2011

Si, por el culo pasivo



Aun recuerdo mi primera relación sexual pasiva, tenia mucho miedo, y bueno mi miedo fue justificado por el enorme dolor que sentí… Pero bueno lo chévere fue que despues de eso no me duele nada de nada.

En las constantes conversaciones con mis amigos me doy cuenta de la errónea idea que se tiene de las relaciones sexuales pasivas, y sobre todo del ser “pasivo”, todo esto alimentado por la fuerza de estereotipo de una sociedad heteronormativa, sexista y patriarcal. Pero además hay un nuevo agravante, que es la tendencia homosexual “plumofóbica”, de aquellos gays que buscan reivindicar la masculinidad hegemónica del sistema.

Bueno creo que es necesario ante todo clarificar los conceptos. El ser pasivo no te hace femenino, ni te hace poco serio, ni te quita valor político. Pero la feminidad tampoco es algo condenable… es decir, si eres pasivo no necesariamente eres femenino, pero si eres femenino ¿qué problema hay?

A mi me parece importante sacar del contexto negativo a los conceptos de sexualidad pasiva, reivindicando una forma de transgredir la “masculinidad” impuesta que te dice que si eres hombre penetras, y si eres mujer eres penetrada y punto, no se puede seguir haciéndole reverencia lo que quiere ese sistema, es sumamente importante hacer política desde lo que se restringe.

No solo es valido hacer política con el pene opresor, también es importante hacer política desde el culo.

lunes, 15 de agosto de 2011

Activo, Pasivo y Versátil: Identidad, Rol Sexual o Concepto Político

En días anteriores entré aun chat que, aunque no es un chat de homosocialización, es reconocido por la gran cantidad de gays y lesbianas que lo visitan, coloque como nombre de usuario algo vistoso a ver si llamaba la atención de algún hombre del chat, y efectivamente muchos cuadros de conversación se abrieron frente a mí. Entre esos me llamo la atención uno que me saludo de manera bastante amable, pero, al igual que los demás, me pregunto: “¿eres activo o pasivo?”, y bueno yo en el momento no buscaba sexo casual, por lo que le respondí: “muchas gracias pero en el momento no busco sexo”, y durante la siguiente media hora estuve debatiendo con él, pues me decía que el rol sexual es solo una identidad gay, que el no buscaba sexo, y que yo estaba equivocado, porque como el rol sexual es una identidad, entonces al preguntármelo no se refería a que quería tener sexo conmigo en el momento, sino únicamente a quería saber como era mi personalidad. Obviamente yo me opuse a todo lo que me dijo, hasta que termino declinando del debate, y se fue de la sala de chat.

Teniendo en cuenta lo anterior, empece a preguntarme cual es la real importancia de preguntar el rol sexual en muchas de las conversaciones entre personas homosexuales, ¿tendra algún significado identitario?, ¿Sera solamente una pregunta para contextualizarse en la búsqueda de pareja sexual?, ¿Habra algún contenido político en todo esto?

Bueno, no creo que el rol sexual realmente influya en la creación de identidad y personalidad, puesto que hay una gran gama de identidades sexuales y de genero que no se ciñen a un estereotipo social, como los gays bastante masculinos, y las lesbianas muy femeninas, solo para citar algunos casos, y bueno yo en particular conozco a muchos gays masculinos que son pasivos. A lo que voy es a que es prácticamente imposible deducir si se es activo o pasivo basándose en la personalidad del individuo, ya que un pasivo puede engañar a ese estereotipo siendo masculino, y viceversa, un activo femenino por ejemplo. Eso quiere decir, que el rol sexual no crea identidad.

Pero hay también otra faceta, el ser activo, pasivo o versátil ¿es o no es un rol sexual? Pues yo creo que lógicamente si, ya que el ser activo (acción de penetrar), ser pasivo (acción de ser penetrado), o ser versátil (acción de penetrar y de ser penetrado), esta ya destinado a un papel especifico en cuanto a las relaciones sexuales.

Pero hay una tercera cuestión, ¿es ese rol sexual un concepto político? Yo en particular, siempre he opinado que si, sobre todo teniendo en cuenta que en nuestra sociedad profundamente heteronormativa hasta los homosexuales nos hemos contagiado de ciertas relaciones de poder, entre el que penetra (dominante) y el que es penetrado (sumiso), haciendo eco al sistema de opresión y a las relaciones de poder en las parejas Hombre (dominante) y Mujer (sumisa). Pero lo que realmente ocurre es que no hemos podido desligar el sexo del genero, en el caso nuestro, no hemos podido desligar el rol sexual de la identidad. Lo que realmente pasa es que en la mayoria de las situaciones el que domina es el masculino, no necesariamente el activo, ya que posiblemente el activo no es el masculino. Claro, esas relaciones de dominación masculina son totalmente reevaluables, apelando a la igualdad de opiniones, de poderes y de criterios que se supone debería ser mas tangible en el caso de las relaciones entre pajeras del mismo sexo.


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