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martes, 20 de septiembre de 2011

Contribución a lo bisexual desde las teorías queer y feministas y la propia teoría bisexual

Por José Antonio Hernández Reyes

Empiezo hablando de los parecidos entre teoría queer y teoría bisexual y algunas limitaciones de la primera para comprender a la segunda, al mismo tiempo que contrapongo lo queer con el movimiento gay tradicional y hablo de las muchas aportaciones del feminismo lésbico al movimiento y teoría bisexuales para terminar de nuevo con las mejores aportaciones de lo queer a lo bisexual.

La teoría queer que emergió en los 90s plantea la ruptura de las díadas homosexual/heterosexual, hombre/mujer, masculino/femenina pero este rompimiento es visto de distinta manera por los diferentes activistas y teóricos queer.

Si en los inicios del movimiento gay, en la era que siguió a Stonewall, el movimiento gay invitaba a los heterosexuales a descubrir su lado homosexual, parte del movimiento queer actual invita a los gays y las lesbianas a descubrir su bisexualidad y transgeneridad aunque sin mencionarlas.

Nombrarse queer para varios gays y lesbianas significa no creer en una identidad fija y estable sino más bien fluida y fragmentada. Ya no podemos nombrarnos con una identidad que nos sujete, porque ésta puede cambiar y nunca va a poder decir todo lo que somos. Esto dentro de un marco posmoderno y de acuerdo con varios autores posmodernos que anuncian la muerte del sujeto.

Donna Haraway menciona las consecuencias políticas de este anuncio en un momento donde varios sujetos subordinados, mujeres, no blancos, la clase trabajadora empezaban a ser tomados en cuenta como sujetos. Para Haraway, lo posmoderno trata de celebrar y valorar las diferencias entre individuos que forman parte de una comunidad.

Judith Halberstam en un análisis sobre teoría queer y transgeneridad contrapone los puntos de vista de transexuales de mujer a hombre y mujeres traileras, en la que los primeros se describen como serios y que sufren en contraposición a las segundas que sólo están jugando con el género influidas por el activismo y la teoría queer. Así la transgeneridad (y yo pienso que la bisexualidad se encuentra en una posición similar) sólo es un juego que pueden llevar a cabo gays y lesbianas pero no en una identidad valida y diferente. Halberstam critica esta dicotomía mencionando que la subjetividad de las mujeres traileras al instalarse en un vacío hace sufrir pero que al mismo tiempo deslegitima con su presencia el pensamiento binario.

Algunos teóricos bisexuales como Elizabeth Daümer posicionan a la bisexualidad como transgresora, flexible, fluida, no fija, como contenedora de deseos homosexuales y heterosexuales que coexisten. Muy parecido a lo que plantea la teoría queer pero personificado en la (el) bisexual al desestabilizar los binarios de sexo y genero con la sola visibilidad de su subjetividad. Incluso una teórica Merl Storr sugiere que el surgimiento de una identidad bisexual más visible y validada por el Status Quo (aunque por supuesto no en un mismo nivel que la heterosexualidad y ni siquiera de la homosexualidad) es gracias al planteamiento de una ideología posmodernista (haciendo alusión al surgimiento del “homosexual” a la par que la ideología modernista). Paradójicamente esta perspectiva plantea a la identidad bisexual como pasajera e inestable.

Hay varias críticas de esta perspectiva, Jo Eadie reflexiona sobre que es lo que no cambia en la bisexualidad, una mujer que sólo desea hombres masculinos y mujeres masculinas por ejemplo o el hombre bisexual que lleva un sólo tipo de actividad sexual de hombres a mujeres (la penetración activa por ejemplo).

Greta Christina (una activista bisexual) dice que ella no es heterosexual con los hombres y homosexual con las mujeres, que ella es bisexual con ambos, pues el tener sexo con ambos ha cambiado el tipo de relación que tiene tanto con unos como con otras.

Otros teóricos y activistas bisexuales y algunos psicólogos y sexólogos que incluyen a la bisexualidad en su perspectiva plantean a la bisexualidad como una tercera opción pero llegan al otro extremo de una linealidad bisexual en la que si tienes una orientación bisexual, te conduce o debes conducirte bisexualmente y te identificas o te tienes que identificar como bisexual. Esto siguiendo la misma línea de la identidad como etnia que predomina en los movimientos gays alrededor del mundo.

Argumentando que los gays formamos parte de un grupo que tiene cosas en común como los judíos o los negros. Y muchos teóricos dicen o insinúan que no podemos cambiar y que lo más sano y adaptativo para nosotros (el nosotros se entiende cómo el conjunto de personas que tiene deseos homosexuales y por lo tanto se sigue una orientación homosexual) es identificarnos como gays o lesbianas y vivir un estilo de vida gay o lésbico.

Por otro lado el feminismo lésbico siempre ha considerado como importante el enfatizar su elección de su identidad sexual, como un definirse así mismas y alejarse de las normas heteronormativas y patriarcales proponiendo nuevas formas de relacionarse y de recrearse. Del feminismo lésbico han salido varias de las lideres del movimiento bisexual en Estados Unidos e Inglaterra con lo cual han llevado a este, la importancia de la elección de la identidad y de la creación y recreación de viejas y nuevas formas de ser, estar e identificarse.

Ángela Alfarache distingue en su estudio de identidades lésbicas entre autoidentidad e identidad socialmente asignada, a mí me parecen para este análisis muy importante las dos, y creo que la mirada del otro es importante aunque no necesariamente fundamental en la formación de la propia identidad. Y la mirada del otro se fija en las conductas, desde gritar soy bisexual, o decir me gusta esa chava siendo un chavo de apariencia afeminada o una chava de apariencia femenina, hasta erotizarse con un hombre y una mujer al mismo tiempo, pueden leerse como conductas bisexuales. Donde se interrelacionan prejuicios y juicios, validación o invalidación de las identidades entre otras.

Marjorie Garber, una teórica bisexual nos cuenta el mito de Tiresias relacionándolo con la teoría de Freud acerca de la bisexualidad, y crítica aunque no hace énfasis en ello, el resultar ser la bisexualidad algo doblemente heterosexual, como tu parte femenina que se relaciona con lo masculino y tu parte masculina que se relaciona con lo femenino, y aquí masculino y femenino resulta ser inseparable de hombre y mujer.

A mi me gusta imaginar a una Tiresias doblemente homosexual, a una lesbiana que se convierte en gay y vuelve a convertirse en lesbiana y por lo tanto imaginar a la bisexualidad como doblemente homosexual, no diciendo que una bisexualidad doblemente heterosexual no exista o sea menos valida, sino agregando una posibilidad más de las maneras de vivir la bisexualidad. Pat Califia una escritora y activista lesbiana y sadomasoquista, decide nombrarse bisexual y poco después se hace una operación de reasignación de sexo y ahora vive con otro hombre en una relación gay.

La pluralidad de las identidades es un tema que el economista Amartya Sen convoca en un texto suyo que habla de identidades, en las que se refiere explícitamente a identidades raciales, étnicas, nacionales y religiosas que se trastocan entre si, pero advierte que su texto también puede servir para otras identidades no mencionadas explícitamente, creo que es el caso de las identidades de genero, de rol de genero, sexuales, de orientación sexual y de preferencia sexual que también se trastocan y se interrelacionan entre sí, aunque la sexología actual quiera separarlas y encajonarlas. Sen menciona que en cada uno de nosotros pueden coexistir diversas identidades de distintos ámbitos por ejemplo ser mestizo y bisexual una combinación que a nadie le parezca raro (queer) que coexistan pero también menciona que pueden coexistir identidades que a primera vista puedan parecer contradictorias o excluyentes una a la otra como gay y bisexual o lesbiana y bisexual.

Elspeth Probyn analizando a la sexualidad desde una perspectiva queer que la considera movible y fluida, analizándose así misma dice que no necesariamente tienen que ir de un hombre a una mujer para ser fluida, sino por ejemplo de los caballos como imágenes eróticas a la sexualidad lésbica. Clare Hemmings otra teoría bisexual también dice estar interesada en otros cruces de la bisexualidad, no solamente entre espacios heterosexuales y espacios homosexuales, sino por ejemplo entre espacios de hombres gays y espacios de lesbianas.

martes, 30 de agosto de 2011

La mujer como objeto sexual en el capitalismo salvaje

Por: Cécil Gerardo Pérez

En el capitalismo casi todo es una cosa que se intercambia en el mercado. En el capitalismo, como dice una canción del grupo español “El último de la fila” tanto tienes, tanto vales. En el capitalismo la mujer deja de ser ese sujeto delicioso, estéticamente insuperable para convertirse en un objeto sexual con el cual se pretende vender cualquier bisutería convertida en mercancía. La mujer se usa para vender desde perfumes y tarjetas de crédito, pasando por licores como el güisqui y la cerveza, hasta la música que se pone de moda como el llamado “reggaetón”, donde la condición femenina es llevada a grados máximos de indignidad con frases repetitivas como: “tu eres mi cachorrita, mamá, yo soy tu perro y voy a morderte”, “así, así como fiera salvaje, así como fiera salvaje”, “el meneo, el perreo, el sandungueo”, que ponen a cantar a nuestra juventud y a bailar en bacanales casi orgiásticos.

La mujer ha sido utilizada siempre por la publicidad capitalista y la propaganda creadora de necesidades artificiales, tanto de manera indirecta usando la publicidad subliminal y ahora de manera directa a través de la venta de la sexualidad descarnada.

A la mujer se le usa para vender loterías, vehículos, baterías, repuestos para automóviles y motocicletas. A la mujer se le usa para vender revistas semipornográficas que adquieren los muchachos de los liceos y colegios de secundaria, tipo playboy, donde aparecen nuestras modelos y artistas de TV en poses que dejan de ser eróticas para llegar al paroxismo de lo sexual-vulgar.

La mujer es usada para vender telenovelas antes rosa y ahora cada vez más erotizantes donde la envidia, el sexo, la infidelidad, la venganza, la avaricia, el chismorreo, el arribo a un éxito fácil se convierten en antivalores que se pretenden sean asumidos por los [venezolanos y] latinoamericanos.

La mujer es usada casi siempre semidesnuda, mostrando sus atributos ya no naturales, sino transformados por el bisturí de la cirugía plástica para moldear cuerpos y vender el modelo femenino de belleza que nos quieren imponer: el modelo “bay watch” consistente en la mujer rubia, cabello alisado, anoréxicas pero de senos turgentes, dentadura perfecta y siempre ligera de ropa.

La mujer es colocada en vallas por todas nuestras ciudades anunciando cervezas “light”, “ice” “draff” y cuanta bebida espumosa fría invente la industria licorera para hacernos sentir que, consumiéndolas, podremos poseer la espectacularidad de la chica que se desviste sin pudor ante todo el mundo, todo el tiempo, en todas partes.

La mujer es usada por el capitalismo para generar ganancias, lucro, rentabilidad. Todo ello por cuanto el capital no tiene ética, no tiene límite, no tiene moral, no tiene patria. Sólo hace lo que le haga crecer sin detenerse ante nada.

Ante ello, ¿qué reflexión debe hacer la mujer [venezolana y] latinoamericana y también del mundo?. ¿Hasta cuándo se dejará utilizar como un objeto que no piensa, que no siente, que no reacciona?. Solo la conciencia femenina de que en una sociedad capitalista las cosas no cambiarán para la mujer, podrá hacer que esta realidad cambie y ella obtenga el trato digno que merece. Es mas, solo la lucha de todos, de hombres y de mujeres sensibles, con conciencia de que la cosificación de lo femenino atenta contra toda la sociedad, contra la humanidad, hará que tengamos una relación mas sana entre todos los que formamos parte del colectivo social.

Políticas Trans. Agendas sociales para una arqueología de las sexualidades binarias

Por Alba Rueda

La preocupación actual de las organizaciones sociales LGTB, de mujeres lesbianas, varones gays y personas trans, sobre las profundas desigualdades sociales que vivimos las personas TRANS: travestis, transexuales y transgénerxs en el ejercicio de nuestros derechos económicos, sociales y culturales –DESC- produce un interés nunca antes visto en el movimiento social de diversidades sexuales.

A pocos meses de la aprobación sobre el Matrimonio Igualitario las organizaciones sociales LGTB acuerdan por primera vez -sin mucho debate- que el tema de interés actual es la Ley de Identidad de Género, que versa sobre el reconocimiento del Estado al uso del nombre con el que nos identificamos socialmente las personas travestis, transgénerxs y transexuales. Para poder acceder al derecho del reconocimiento de nuestra identidad se elabora una batería de proyectos de ley con el objetivo que el parlamento debata y apruebe en el recinto una ley fundamental para nuestra comunidad.

No obstante, más allá de la voluntad creciente de reducir los niveles de exclusión que vivimos las personas travestis, transexuales y transgénerxs, problematizar la relación entre género e identidad del colectivo TRANS pone en debate una complejidad histórica sobre el planteo crítico a las relaciones de poder que articulan nuestras sociedades, especialmente la condición indiscutida del “sexo” “natural” estructurante del binarismo heterosexual –varón, mujer-; sobre este punto voy a desarrollar algunas consideraciones de pertinencia.

I – Las Bases

Discutir la materialidad del sexo y/o la dualidad sexual (hombre/mujer) es preguntarse por la construcción de la heterosexualidad, particularmente en su proceso de abyección1 y exclusión de las variantes de las diversidades sexuales y expresión de géneros, allí se sitúa la historia del travestismo. Puntualmente, me refiero a las prácticas reiteradas donde el lenguaje fija los efectos que produce y al modo performático donde se constituyen las normas reguladores del “sexo” consolidando el imperativo heterosexual. Este proceso no debe considerarse desvinculado de lo abyecto por él, lo negativo de lo “verdadero” que se instituye en la matriz heterosexual obligatoria. Es en esa formación de normalidades, el travestismo se sitúa como amenaza, repudio y exclusión.

Entonces, afirmar la legitimidad de un orden heterosexista implica un proceso de construcción a través de un repudio constante y un refugio contra la angustia castrante de las diversidades de sexualidades. Así, una búsqueda de hegemonía a través de la perpetuidad –reproducción sexual- requiere de la producción de una heterosexualidad normativa, racial y clasista. La trilogía que compone esta producción de sentidos y normas sociales está relacionada con modelos de sociedad, familia burguesa, de hegemonía heterosexual monogámica y de elitismo racial. Es por ello que el modelo aludido sólo lo representa como ideal regulatorio el hombre, blanco, heterosexual, burgués. Las identidades disonantes se subvierten como negativo en relaciones de poder que designan y sujetan a los “alter” como parte necesaria de la reafirmación social, racial, sexual.

II - Subversión de la matriz heterosexual

Ahora bien, los aspectos performáticos que constituyen al colectivo de personas trans: travestis, transexuales y transgénerxs, evidencian estos actos y denuncian que la discriminación y el terrorismo hacia nuestras compañeras son efectos del poder que necesitó y utilizó el heterosexismo para constituirse en legalidad, es por eso que el travestismo es exclusión e invisibilidad dentro del mundo hetero.

La construcción de la identidad travestí se encuentra regulada por los desplazamientos y apropiaciones de un amor frustrado, constituyendo máscaras siempre falsas frente al natural y verdadero deseo heterosexual. Otra lectura, relaciona al deseo travestí como una variante del deseo homosexual; ésta postura interpela a investirnos de un cuerpo “natural” de “hombres” y de estar inscriptos forzadamente en prácticas sexuales idem a la homosexual. Estos análisis plantean numerosos problemas relacionados a la fijeza de algunos supuestos, como la “naturaleza” binaria de los cuerpos, lo “verdadero” de la heterosexualidad obligatoria y la unilateralidad de perspectiva que confunden prácticas sexuales e identidad de géneros.

Estas inconsistentes lecturas violentan y fuerzan al travestismo puesto que desterritorializan el proceso de identidad travestí, como negar un particular modo de la polimorfía sexual; sobre todo quisiera señalar en este punto que el placer, deseo y amor travestí, no se encuentra determinado únicamente por los modos que estos se producen, “natural” o culturalmente. Este reduccionismo ha llevado a confundir muchos de los procesos sociales relacionado al travestismo, particularmente en los aspectos que se refieren a los Derechos políticos y ciudadanos.

III - Disidencia Trans: travestis, transexuales y transgénerxs

En este sentido, las travestís, transexuales y trangénerxs hemos sido negadas de cualquier acción política de Estado que no sea establecer y regular el status quode la prostitución –reforzando y negando los mecanismos que nos fijaron en esos espacios. Sin embargo, las personas trans hemos intentado corrernos de estos modelos; por nuestra parte, nos representamos ligadas a lo que el movimiento queer pretendió en su primera etapa. Rescato para este punto el recorrido propuesto por Lohana Berkins que identifica en la primera mitad de los años noventa un momento de constitución política modificando el campo social lgtb denunciando la transfobia dentro del movimiento pero también resistiendo a las medidas de discriminación del aparato estatal –edictos policiales, códigos contravencionales y de faltas. Desde allí nos construimos acciones que permitió profundizar el modelo de reconocimiento de nuestras identidades como en la despatologización médica de personas travestis, transexuales y transgénerxs; incorporación en políticas públicas de sensibilización sobre vih/sida; respeto al nombre propio en hospitales públicos de Provincia de Buenos Aires; resolución mendocina de unificación de Padrones de votación electoral

Frente a la vertiginosa entrada a la “globalización” las travestís entramos en contacto con la terminología de la “Transgeneridad”, término que pretende capturar, en una de sus acepciones, la identidad travestí. Este modo de designar fue ampliamente adoptado por las compañeras latinas que se rebautizaron y a las organizaciones a las que pertenecían. Sin embargo, en Argentina la situación fue distinta, se optó por conservar el término “travestí” como un gesto de oposición a la hegemonía heterosexista que se constituyó históricamente con mecanismos performáticos de exclusión y abyección del resto de la diversidad de sexualidades. Se trató, entonces, de una politización de la abyección, en un esfuerzo por volver a inscribir sobre la historia del término, el término mismo.

Así, el travestismo en Argentina, pretendió ser el espacio de representación donde se resignifique la abyección de la transgeneridad para transformarla en desafío y legitimidad. Considero esta estrategia fundamental para crear visibilidad y conciencia de la diversidad de sexualidades al interno del movimiento LGTB; de este quizás se logre elaborar y establecer estrategias que nos protejan de los estigmas que integran la dinámica de poder del estado, éstos que nos excluyen del acceso a la Identidad, educación, la salud y el trabajo. Buscamos herramientas que nos permita sobrevivir en la era del vih/sida; quedar integradas en acciones políticas destinadas a nuestra comunidad, que nos permitan ser elegibles, visibles y legales en la sexualización de nuestros cuerpos; valoradas y merecerdoras de apoyo como el resto, donde las heridas, las muertes y maltratos que nos signaron no se olviden, ni se nieguen sino que se fijen como límites de lo infranqueable de la identidad e integridad de las personas travestís.

Por ello, la recuperación del proyecto social con memoria colectiva LGTB permite repensar la articulación política partidaria e instalar agendas que profundicen los valores democráticos, adoptando las políticas de la Identidad Trans en función de fortalecer la imagen constitutiva de todas las identidades sociales y expresiones de géneros, esto permite conducir un vector de la distribución económica y reconocimiento social incorporando complejos procesos de toma de conciencia de clases y lucha transversal a otros grupos sociales que comparten rasgos de exclusión como las explotaciones por situaciones de prostitución, para ampliar y adaptar un proyecto político donde la particularidad se transversaliza y se vuelve a sí un mismo para todas/os.

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1. Abyección como el acto-acción de arrojar fuera, desechar, excluir. Designa una condición degradada o excluida de los términos de sociabilidad; dentro de ella, se constituyen ciertas zonas abyectas que también sugieren amenaza y que constituyen zonas de inhabitabilidad que el Sujeto supone como amenazadora para su propia integridad.

lunes, 29 de agosto de 2011

Roles Sexuales, Roles de Género y Poder

Por Laura Guzmán Stein, Programa Mujer y Derechos Humanos del Instituto Interamericano de Derechos Humanos

Roles sexuales y roles de género: ¿Significan lo mismo?

La tendencia a utilizarlos como sinónimos. En la vida cotidiana, ambos están interrelacionados, pero son términos que hacen referencia a conceptos distintos.

Roles Sexuales: Comportamientos que están determinados por el sexo biológico de una persona, como por ejemplo, la menstruación, embarazo, lactancia, andropausia, erección y orgasmo. Pero no debemos olvidar que los fenómenos biológicos también reciben la influencia de las actitudes, normas y valores culturales.

Valores: son aquellas creencias que la sociedad valora como deseables o buenas.

Normas: Parámetros de comportamiento que tiene aceptación social.

Roles de Género: Son aquellas expectativas sociales creadas en torno al comportamiento femenino y masculino. Son construcciones sociales de lo que se espera sea el comportamiento de la mujer y del hombre. Contienen autoconceptos, características psicológicas, as´como roles familiares, ocupacionales y políticos que se asignan a uno y otro sexo de acuerdo con dicotomías que los separan y los consideran como opuestos. Así se espera que las mujeres sean pasivas, dependientes y cariñosas, mientras que los hombres agresivos, competitivos e independientes. En este contexto se concibe al hombre como el modelo frente al que se compara al otro grupo, las mujeres.

Un ejemplo de cómo los roles de género son construidos socialmente y representan elaboraciones culturales de roles sexuales biológicos; lo constituye el parir. Este es un rol sexual que sólo las mujeres pueden cumplir, el embarazo, la crianza y cuidado de los hijos es un rol que tanto el hombre como la mujer pueden desempeñar, pero que culturalmente se le ha asignado a la mujer –por ser quien pare-, constituyéndose en la tarea central del rol del género femenino, entendiéndose por lo general como un imperativo biológico, como rasgo “natural” de las mujeres.

El sistema Sexo – Género

En todas las sociedades, los roles sexuales y de género se interrelacionan dinámicamente en conjunto con otras variables como edad, clase, religión, estado civil, grupo étnico y raza. Pero a pesar de que las diferencias biológicas sexuales están presentes en todas las sociedades, los roles de género cambian de cultura en cultura.

Lo que los hombres hacen en una sociedad, no lo hacen en otras, por ejemplo, el cuidado de los niños y la caza. Los cambios también ocurren en una misma sociedad por períodos o por opción personal.

Sexo y Género están en todas partes combinados en sistemas que canalizan a mujeres y hombres hacia roles complementarios que requieren de tareas excluyentes y que reportan satisfacciones distintas.

La Relación de Poder Simbolizada en los roles de Género

Las relaciones que se establecen entre mujeres y hombres en el marco de los roles de género, expresa roles de poder que sirven de modelo para otras relaciones de poder. Los roles y posiciones que desempeñan mujer y hombre en la sociedad, sus diferentes responsabilidades y privilegios y su control desigual sobre los recursos, indican la presencia de diferencias significativas de poder entre ellos. Esta diferenciación provee la racionalidad que justifica relaciones de poder desiguales y la discriminación de las mujeres. Una vez que estos arreglos se establecen, aquellos que se han acostumbrado a disfrutar de más privilegios y poder, encuentran natural y necesario defender este estado de cosas, aún cuando atente contra el principio de igualdad.

¿Qué entendemos por poder?

Poder: Proceso mediante el cual las personas o grupos ganan o mantienen la capacidad para imponer su influencia sobre otros. Una vez que el poder queda establecido, el empleo explícito de castigos y premios es casi innecesario.

El control de recursos, principalmente recursos institucionales, es un aspecto vital de toda relación, de poder. Recursos relacionados con los valores centrales de la sociedad son particularmente importantes porque representan contribuciones a los procesos sociales, por ejemplo, la tierra.

Los más poderosos controlan las principales instituciones de la sociedad, así como los recursos económicos, sociales y políticos que son producidos por estas instituciones. Las instituciones sociales constantemente validan los juicios y valores empleados en su creación y mantenimiento. Los poderosos usan los recursos institucionales para premiar a quienes colaboran y cumplen, así como para castigar a quienes se resisten.

Las Relaciones de Poder en el Sistema Sexo – Género

La inseguridad es la base de la necesidad humana por el poder y el control. Experimentamos ansiedad y un cierto vacío existencial ante nuestra incapacidad de controlar nuestras vidas y ambiente. Respondemos de muchas maneras para reducir este sentido de no tener el control.

a. Nos entregamos a una fuerza o deidad poderosa, invisible e irrefutable o bien a instituciones que aparecen como más poderosas que nosotros, delegando en ellos la carga de nuestra inseguridad y reconociendo nuestra dependencia y subordinación.

b. Respondemos también mediante la sumisión a un “gobernante” o persona que dirija nuestras vidas, generalmente un déspota benevolente. Otra forma de respuesta es el control sobre algo, principalmente alguna persona, lo que crea la ilusión de poder. El dicho “El hogar del varón es su castillo” explica como la persona – frágil en un contexto mayor – se puede sentir fuerte y con control cuando ejerce poder sobre aquellos que son menos poderosos.

Esta última solución – el control sobre otros – es la más empleada por los hombres, a pesar de que las mujeres que están en capacidad de ejercer control sobre otros (hijos, maridos o trabajadores), también pueden sentir su seguridad y confianza fortalecidas a través de estos arreglos. El poder sobre otras personas crea la ilusión de controlar el propio destino.

c. La diferenciación entre roles sexuales y de género, simboliza la relación de poder en la cual cada grupo actúa sistemáticamente para ejercer su poder sobre otro. El grupo más poderoso impone sus demandas; el menos poderoso desarrolla formas para subvertir los deseos del primero. Cuando éste controla las principales instituciones de la sociedad, depende de la macro – manipulación de la ley, las políticas y las fuerzas militares para ejercer su poder. Las y los menos poderosos se vuelven expertos en micro – manipulación, empleando su inteligencia, intuición, destrezas interpersonales, encanto, sexualidad y rechazo para neutralizar el poder del más fuerte.

d. Ningún grupo está dispuesto a renunciar a su poder, por lo que empleará diversos medios para mantener su influencia.

e. El poder se ejerce mediante el control de recursos. Cada género cultiva y protege sus propios recursos, buscando paralelamente devaluar, negar, disminuir o capturar los recursos del otro grupo. Este proceso se da a pesar de las enormes diferencias en cantidad o calidad de los recursos controlados por cada grupo, empleándose diversos medios (instituciones, políticos y personales) para reducir los recursos del otro grupo.

f. Los poderosos y las sin poder aceptan su condición como el resultado inevitable de habilidades y predisposiciones innatas. No se reconoce la influencia de la cultura, las leyes y las instituciones en estos arreglos. El grupo dominante considera que es más competente y que por eso está donde está. Por esto merece estar en control.

g. Los más poderosos sienten que tienen una gran carga social al tener que proteger y controlar a quienes son menos poderosas o poderosos. Esto hace que los varones con poder tengan dificultad para captar detalles o la importancia de las contribuciones de las mujeres o los hombres menos poderosos. Esta visión de mundo justifica arreglos institucionales que fomentan la discriminación, subordinación e invisibilidad de los y las débiles.

h. Las relaciones de poder están presentes y dan vida al sistema de estratificación social más allá de ésta estratificación. Mujeres y hombres forman parte y se relacionan en un sistema sexo – género por medio de la sexualidad, el matrimonio y la procreación. Este sistema aumenta la imposibilidad de que puedan vivir separados, a diferencia de otros sistemas. La segregación se aplica – en este caso – para separar a las mujeres de otras mujeres. Esto debilita la solidaridad, así como la conciencia sobre aquellos factores que generan el despoder.

i. El grupo menos poderoso – en este caso, las mujeres – permitirá la discriminación en tanto existan algunas de estas condiciones:

1. El grupo dominante cuente con más conocimiento y capacidad.

2. Controle recursos valiosos y difíciles de obtener.

3. La disparidad en recursos es tan grande que los esfuerzos por cambiar – aún empleando la fuerza física – parecen estar destinados al fracaso.

4. El grupo dominado, si se comporta adecuadamente, puede disfrutar marginalmente del poder de quienes dominan.

Proceso:

PRIMERO se acepta el rol de subordinación como inevitable.

SEGUNDO como resultado de su propia incapacidad.

TERCERO como la mejor situación bajo las circunstancias.

j. Una vez que los des – poderados reconocen que su interés radica en la unión con otras personas sin poder, se pueden unir para cambiar la situación.

k. La unión de estas personas y grupos representa una amenaza para quienes lleven el poder, quienes:

1. Tratan de convencerlas (os) de que su condición es producto de la genética.

2. Insisten que las (los) protegerán y permitirán compartir algunos de los recursos que ellos suelen poner a su disposición.

3. Poniéndolas (los) a competir por recursos para debilitarlas.

4. Convencerlas, principalmente a través de estereotipos, que otros grupos con poco poder están tan contaminados o corruptos que no les permitirán asociarse.

5. Cooptación de las y los líderes.

l. La socialización crea las condiciones objetivas y subjetivas para que cada grupo se comporte de manera diferente según el guión que la sociedad ha definido para cada sexo. Y no es fácil romper con esto.

m. Las ideologías o sistemas de creencias dan sentido a la vida social. La Ideología Patriarcal (machismo) crea mujeres dependientes económica y socialmente, inseguras (auto – estima) que no sienten que tienen derechos, o en el menor de los casos, que se justifica el tener menos derechos que los hombres. Esta ideología justifica un sistema de derechos humanos que ha sido estructurado pensando en el hombre – varón blanco occidental -. Las necesidades específicas de la mujer no han sido tomadas en cuenta; mientras que lo personal y familiar es dominio privado que controla el hombre en su condición de jefe. Si éste transgrede alguna norma de “buena” convivencia (viola, agrede y/o acosa) es por algo que hizo la mujer.


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