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jueves, 13 de octubre de 2011

La represión sexual en el capitalismo. El miedo y la desdicha se reflejan en todo

La inmensa mayoría de personas son víctimas de la persecución y frustración sexual de las instituciones más castradoras del sistema capitalista: la escuela (construcción del Estado para educar en la alienación a los infantes), la iglesia y la familia (que aún siendo proletaria, arrastra la moral burguesa como un valor inmarcesible). Según el desarrollo de nuestro escrito, esa malhadada sexualidad, se refleja en acciones aprensivas o conservadoras a la hora de desafiar la expoliación que sufre la clase obrera en el sistema. Wilhelm Reich nos dice, que nada de lo explicado anteriormente es accidental. Sin caer en la delirante y absurda teoría de la Conspiración que enreda la esencia de la crisis sistémica del capital, podemos notar que como dice WR enLa lucha sexual de los jóvenes: “la familia, [la iglesia] y la escuela, no son más que talleres del orden social burgués destinados a la fabricación de sujetos discretos y obedientes. El padre es el representante de las autoridades burguesas y del poder del Estado en familia” Exacto, la superestructura social indica que todo está hecho precisamente para esa deformación educativa.

Por ello, es normal que la exigencia de un padre comúnmente despótico: obediencia ciega, prohibición de la protesta, ausencia de opinión personal y represión; sea la copia acotada del abominable hostigamiento de los Estados donde una clase (que no trabaja) oprime a otra (que hace todo el trabajo que permite la reproducción de la vida). Así, desde el ámbito estadal se irrigan esas relaciones íntimas de explotación y violencia. De hecho, los episodios de violencia doméstica, devienen de las relaciones violentas en las cuáles se desenvuelve la sociedad en el proceso de producción de bienes y servicios.

Todo ese proceso de represión llevado al plano sexual, exige un enorme gasto de energía (psíquica y nerviosa) que eventualmente ocasiona trastornos vinculados al freno de pulsiones y deseos sexuales que pudieran desarrollarse, pero que son duramente castigados por la sociedad. Esto, es un factor de inhibición de la crítica, la actividad y el intelecto liberador. Por ello, el capital se esmera en castigar expresiones de autonomía sexual que puedan escurrirse de la mercantilización del Eros en el capitalismo.

La batalla por liberar (sobre todo en la pubertad) a la población de la moral burguesa, determina en buena parte las posibilidades de convertirse en un revolucionario consciente del papel histórico de la liberación del proletariado; o de ser militante de un partido socialdemócrata (liberal) o de transformarse en un espíritu indolente que divaga en la soledad del vacío de su castrada e inútil existencia. Luchar contra la moral burguesa es indispensable para la construcción de una verdadera humanidad. Es hora de echarle tierra a la reacción, para evitar que nos consuma.

Tomado de "Alienación, plusvalía ideológica, plusvalía sexual y la represión sexual del capital" de Manuel Sutherland

jueves, 6 de octubre de 2011

Represión sexual, capitalismo y fascismo

"la gente cae en tal o cual locura, se compadece de esto o de eso, porque sus cuerpos son tiesos, que son incapaces de dar el amor o de gozar."

Wilhelm Reich, en ¡Escucha, pequeño hombre!

La represión sexual es el principal pilar del capitalismo. Las neurosis y las tendencias fascistas son consecuencias de esta misma represión sexual.

Es lo que ha sido demostrado por el psicoanalista Wilhelm Reich.

Según éste, el cuerpo produce una energía sexual que debe circular a lo largo del eje longitudinal del cuerpo, del cerebro hacia el sexo. La función del orgasmo es disipar esta energía. Ahora bien en los individuos víctimas de represión sexual, bloqueos se forman a distintos niveles, la longitud de este eje, e impiden la circulación eficaz de esta energía. Dice a estos individuos, incapaces de disipar completamente su energía en un orgasmo plenamente realizado, "impotentes orgastiques".
Estos bloqueos se llaman "blindajes caracteriales", se manifiestan tanto a nivel corporal, por rigideces musculares, como a nivel psíquico, por características de caracteres neuroticos.

No pudiendo completamente disiparse por la inclinación de una actividad sexual plenamente satisfactoria, la energía sexual se disipa entonces mediante derivativos, en particular, el misticismo ("el éxtasis místico") o perversiones sexuales (la propensión complacerse en bromeada obscena se es un síntoma de impotencia orgastique) o sádicas. La perturbación de la circulación de esta energía puede también conducir al cáncer.

Vista otra manera, se puede considerar el centro del individuo como la sede de su energía vital (sexual), permitiéndole experimentar todas las emociones y asociada a características psíquicas como la generosidad, el amor, el intercambio con los otros individuos. Este centro es cercado por capas de blindajes caracteriales que se formaron progresivamente al curso del desarrollo del individuo, a medida que sus emociones y sus impulsos sexuales veranos reprimieron, por traumatismos o una represión continua. Estas capas neuroticas son la sede de sentimientos de frustración, violencia, miedo y rechazo del otro, de creencias irracionales. Finalmente por parte se encuentra un barniz de sociabilidad que permite al individuo vivir en sociedad. No obstante cuando este barniz agrieta, en situación de crisis, son los impulsos subyacentes que se expresan. Así pues, por ejemplo, en tiempo de guerra asiste asesinatos, violaciones y saqueos generalizados.

"La supresión de la actividad sexual de los niños y adolescentes es el mecanismo básico que produce las estructuras caracteriales adaptadas al control político, ideológico, económico [... ] La represión de la sexualidad natural en el niño, especialmente del génitalité, vuelve al niño aprensivo, tímido, obedeciendo, aprensivo ante la autoridad, 'agradable', 'tranquilo'; paraliza sus tendencias rebeldes, per que la rebelión se asocia con la angustia; causa, inhibiendo la curiosidad sexual del niño, un oscurecimiento general de su sentido crítico y sus facultades mentales." Wilhelm Reich.

La represión sexual, causa esencial de las neurosis, producir individuos acorazados, generalmente poco aptas a autonomía y favorece así la sumision, la manipulación y la explotación de estos individuos. Etienne de La Boétie ya había observado esta propensión a esto que llamó la "servidumbre voluntario", sin poder explicarse el origen. Es esta característica que permite al capitalismo, sistema basado en la explotación del hombre por el hombre, prosperar.

La represión sexual implica también el desarrollo de comportamientos sexuales no respetuosos de las personas, de comportamientos fascistas (necesidad de confiarse en un jefe), de comportamientos irracionales así como de tendencias místicas.

Así pues, capitalismo y fascismo basándose en la misma raíz, son indisociables.

Es esencialmente en la unidad familiar burguesa-patriarcal que se reproduce el proceso de represión sexual y el aprendizaje de la sumision a la autoridad.

(http://www.ecologielibidinale.org/)

martes, 27 de septiembre de 2011

La Familia Nuclear Proletaria y la Homofobia


La familia burguesa discutida por Marx y Engels se basaba en la premisa de que un individuo burgués masculino debía tener acceso sexual exclusivo a su esposa (para garantizar que sus propiedades fueran heredadas por descendientes de su propia sangre). Para esto no era necesario prohibir la actividad sexual extra marital (ya fuera homosexual o heterosexual) del esposo. Estas actividades no amenazaban la línea de sucesión de propiedades, así que no había una necesidad obvia para prohibirlas. Sin embargo, el establecimiento de la familia nuclear como la institución social doméstica primaria para el proletariado y otros estratos plebeyos requería de estos tabúes.

En parte era sólo una cuestión de suprimir alternativas que no fuera la familia nuclear, con efectos potencialmente perjudiciales. Cuando se está intentando convencer al pueblo de que la felicidad consiste en que el hombre trabaje en una fábrica con la mujer cuidando de cinco hijos en la casa—lo cual no es una tarea sencilla para empezar—entonces no ayuda el permitir configuraciones domésticas más agradables. Las parejas homosexuales o los grupos de solteros con acceso a prostitutas, o cualquier otra combinación bohemia, pueden verse como alternativas más interesantes, más satisfactorias, o con más comodidades materiales, que ser parte de una familia proletaria.

Existe otra tendencia más de la génesis de la homofobia moderna. Bajo el capitalismo del siglo 19 el factor central que condicionaba la vida doméstica proletaria era considerar que el costo total de criar a la próxima generación era una responsabilidad individual y no una responsabilidad social. Los niños no podían sostenerse a sí mismos económicamente, ni tampoco podían hacerlo los que los cuidaban. La familia nuclear requería que la madre y los hijos fueran sostenidos económicamente por un hombre, que fuera lo suficientemente productivo para ganar un salario que cumpliera con este propósito. Esto implicaba que se retrasara la tenencia de hijos, lo cual, con la ausencia de la tecnología moderna de planificación familiar, requería de los adolescentes una gran dosis de abstinencia sexual. Esto no se conseguía con facilidad. Tenía como consecuencia un cierto nivel de frustración y de tensión social y requería el apoyo de la autoridad religiosa, así como de la intervención estatal a través de leyes que fijan la edad de consentimiento y otras.

Se crean dificultades si se prohíben las relaciones heterosexuales de los adolescentes a la vez que se permiten las homosexuales, a menos que esta homosexualidad adolescente sea cuidadosamente institucionalizada, como se da en las escuelas públicas inglesas. Consecuentemente, durante los últimos años del siglo 19, había el temor de que si no se ejercía la debida presión para contrarrestarlo, los libidinosos adolescentes masculinos canalizarían sus energías en dirección al homosexualismo. El miedo de que la heterosexualidad sucumba al asalto homosexual frecuentemente se da como la justificación de las medidas en contra de los homosexuales en este período. El miedo a que “la juventud se corrompiera” junto a la importancia de mantener el poder del padre en la familia contra cualquier contendiente homosexual eran temas esgrimidos por los fiscales, jueces y periodistas durante los juicios contra Oscar Wilde en los años 1890s, los cuales fueron cruciales en la articulación y estructuración de la moral anti-homosexual en Gran Bretaña y en otras partes (vea por ejemplo, H. Montgomery Hyde, Oscar Wilde, 1976).

A las mujeres se las veía con menos significación social y esencialmente asexuales. Por esto, sus vidas sexuales no fueron sometidas a una persecución tan activa. Las jóvenes eran mucho más supervisadas que los hombres y en gran mayoría eran mantenidas dentro de sus casas. El mayor éxito obtenido en la supresión de la sexualidad adolescente femenina significa que el lesbianismo era mayormente ignorado, en general, el prejuicio homosexual extremo se restringía a los hombres. Generalmente se describía la actividad lesbiana como mujeres que tenían un comportamiento “masculino”.

(Marxismo y los Derechos de gays y lesbianas, Capitalismo y Homofobia)

lunes, 26 de septiembre de 2011

El mercado rosa, un obstáculo para la liberación


Las reformas en favor de la igualdad LGTB han sido aprovechadas por grandes empresarios, los cuales han desvirtuado el origen luchador de las mismas, generando el llamado “mercado rosa”, que explota comercialmente la tendencia sexual LGTB. Un mercado que crea todo tipo de productos específicos (revistas, bodas, hoteles, bebidas alcohólicas, ocio y turismo, ropa y accesorios, cosméticos, cine, televisión, etc.) para un público LGTB, principalmente homosexual masculino con alto poder adquisitivo. Un mercado que, para vender estos productos, ofrece la imagen estereotipada del gay como un hombre guapo, inteligente, con alto poder adquisitivo, un trabajo de cuello blanco y, por supuesto, bien vestido con unas prendas de estilos muy determinados. Esta imagen del gay como un yuppie crea antipatía e ignorancia hacia la realidad de los gays por parte de muchos trabajadores que creen que no puede haber gays entre ellos al reconocerlos únicamente como estereotipos que viven una realidad de lujo fuera de su alcance. Sin embargo, la imagen de los gays como personas con alto poder adquisitivo está muy lejos de la realidad. Aunque es cierto que muchos gays no tienen que hacerse cargo de hijos por lo que disponen de ese dinero para otros gastos, la mayoría son trabajadores con bajo poder adquisitivo que además sufren habitualmente la discriminación también en el campo económico al no poder heredar de su pareja o no disfrutar de desgravaciones de impuestos por matrimonio.

El mercado rosa se concentra en barrios con un alto porcentaje de población LGTB, como el emblemático Chueca de Madrid. Estos barrios facilitan sin duda el encuentro entre las y los LGTB, pero casi siempre con los beneficios por medio de los empresarios rosas, y corriendo el riesgo de convertirse en guetos que lleven a las y los LGTB a “encerrarse” en estas zonas en las que disfruten de una libertad sexual que se les niega fuera. En este contexto de discriminación, los empresarios rosas se organizan en asociaciones con objetivos como ofrecer diversión y trabajo a las y los LGTB para luchar contra la marginación y la opresión. Sin embargo, en los “barrios rosas” los precios de establecimientos de ocio, tiendas de ropa, etc. suelen ser muy elevados, lo que deja a muchas/os LGTB al margen, convirtiendo la liberación gay en un negocio orientado sólo a personas con poder adquisitivo elevado. Además, los trabajadores LGTB de los establecimientos rosas sufren las mismas presiones que los de otras empresas, obligados a trabajar largas jornadas con sueldos bajos, muchas veces sin cobertura de la Seguridad Social. La comercialización de la lucha contra la discriminación LGTB se refleja perfectamente en los diferentes desfiles del Orgullo Gay de finales de junio que los empresarios rosas están intentando convertir en caravanas publicitarias a consta de eliminar el espíritu reivindicativo. Aunque los grandes empresarios rosas dicen luchar contra la marginación LGTB, lo hacen porque identifican igualdad con negocio, pero al mismo tiempo suelen defender ideas neoliberales que, como hemos visto, se oponen en el fondo a la igualdad, como la limitación de los derechos de los trabajadores inmigrantes, el recorte de impuestos a las empresas a la vez que disminuye el gasto público, o la liberalización de los mercados. Los grandes empresarios rosas y muchos políticos socialdemócratas que supuestamente defienden los derechos LGTB hablan de “la comunidad gay” como si todos los y las LGTB sufriesen por igual la discriminación, nada más lejos de la realidad. Entre las y los LGTB también existen divisiones de clases y los trabajadores LGTB con ingresos limitados sufren más la discriminación que los de alto poder adquisitivo (que pueden permitirse un estilo de vida diseñado para ofrecer más libertad sexual) y, por supuesto, que los empresarios rosas que se aprovechan de estas divisiones. La mayoría de LGTB sufren la subida de la cesta de la compra y el precio de la vivienda, por citar dos ejemplos actuales, igual que los demás trabajadores con los que tienen más en común que con los empresarios rosas que insisten en hablar de “la comunidad gay” colocando a todas y todos los y las LGTB en el mismo grupo, un grupo que debe luchar contra la discriminación no luchando contra el sistema que la genera sino aceptándolo y comprando ciertos “artículos y servicios rosas” dentro del sistema para autoafirmarse personalmente como LGTB. Y estas ideas surgidas desde el lobby rosa son compartidas por muchos grupos de izquierda.

Por Jesus Castillo

domingo, 25 de septiembre de 2011

El Mercado Rosa es Capitalismo Gay

Los disturbios de Stonewall marcaron el inicio de una serie de reivindicaciones de tipo cultural, jurídico y social, en pro de la liberación de gays, lesbianas, bisexuales y transgeneristas, lo cual también inspiro a no pocos comerciantes a crear empresa y mercado y a acumular capital por medio de diversos servicios que se fueron ofreciendo con base en las necesidades que estos grupos demandaban.

Hoy en dia, tenemos una gran variedad de productos que son usados casi que exclusivamente por personas LGBT, y que van desde la rumba y la industria del sexo, hasta la creación de cafeterías, restaurantes, tiendas e incluso la articulación de verdaderas “cámaras de comercio gays”, todo lo cual, va insertando de una manera programática a esos grupos que, si bien, en la década de los 60s tenían un discurso con tintes revolucionarios, hoy se han dejado contagiar de la podredumbre del capitalismo a tal punto de llegar a crear el coloquialmente llamado “Mercado Rosa”.

Colombia, y mas específicamente Bogotá no han sido la excepción; mientras los capitalinos caminan por la tradicional “plaza de Lourdes” ubicada en el sector de Chapinero, son, además de simples visitantes, espectadores de un gran variopinto de establecimientos dedicados al comercio gay; desde tiendas y cafeterías hasta establecimientos de rumba.

¿No será necesario ya devolverle al movimiento su color revolucionario y luchar por la reivindicación de nuestros derechos en lugar de regalarnos a la dinámica del capitalismo rosa?

Cuerpos Andrógenos, Represión y Resistencia

Los cuerpos andrógenos y los estados intersexuales, no solo han sido objeto durante siglos de una constante reflexión filosófica y científica, sino también de una irreparable vida de sufrimientos, si bien, no es ni la primera ni será la última ocasión en la que las sexualidades disidentes serán motivo de escándalo y represión. Prueba de ello es la constante regulación biomédica de los cuerpos andrógenos e intersexuales y la cruel discriminación a la cual son sometidos por no entrar en lo “normal” o en lo que el sistema determina como tal.

Pero la verdadera cuestión es la intrínseca realidad subversiva de los seres intersexuales y andrógenos. No hay cuerpos mas revolucionarios entre las sexualidades disidentes, ellos son de por si los mas rebeldes de todos, ya que rompen totalmente con los esquemas de opresión corporal, destruyen las barreras del género y la sexualidad acabando con el desgastado binarismo sexual (macho-hembra) y de género (masculino-femenino), y colocan la realidad biomédico-sexologica en otro plano, el neutral, el no-sexual, aquel en donde la normatividad no tiene cabida, el que se sale del sistema.

Ese rompimiento es el que molesta al fascismo capitalista, el que rompe sus cadenas normativizadoras y el que destruye la moral hipócrita de la sociedad burguesa creando cuerpos liberados y fugitivos que de alguna manera incomodan los ojos de las sociedades en las que el hombre heterosexual, católico, blanco y adinerado controla el monopolio del capital y restringe la libertad, llevando, en la mayoría de las ocasiones, a que estos cuerpos transgresores se sometan al imperio de la definición sexual, el cual no es mas que otra de las manifestaciones del capitalismo salvaje que usurpa hasta el mas recóndito lugar del cuerpo en su afán por violar la soberanía individual. Esta y todas las clases de represiones no son mas que fascismo a flor de piel.

sábado, 24 de septiembre de 2011

¿le importa el sexo a la democracia?


El patriarcado moderno, es decir, la estructura de poder político-sexual que rige las sociedades igualitarias formales y legales, es un condicionante básico para entender el complejo entramado de relaciones sociosexuales que los miembros de una determinada estructura social desarrollan a lo largo de sus vidas. En la práctica, el patriarcado viene a establecer un modelo social y sexual bien definido y centrado en las relaciones producto de la heteronormatividad, en la que tanto las mujeres como los hombres son construidos como esencias naturales y ahistóricas. El antiesencialismo deconstructivista de Bulter, entre otros, viene a sostener que los sujetos se constituyen a través de procesos de exclusión: a través de la creación de la figura paralela de lo abyecto, aquello que el sujeto excluye para constituirse dentro del modelo normativo. De esta manera, los teóricos queer argumentan que el componente opresivo básico es la naturalización de las identidades y la asociación de éstas con esencias que van más allá del mero ritual esencialista que transforma identidades de claro origen cultural, en otras instauradas como esencias vivas. Si seguimos la línea argumental bulteriana llegamos a la conclusión que ni el patriarcado, ni la sociedad ni el género son los causantes, por ejemplo, de la tradicional opresión contra las mujeres. El elemento opresivo vendría a ser la identidad tradicional de mujer, institucionalizada como una definición ontológica represiva y excluyente de la feminidad.

La crítica queer a las estructuras económico-sociales del capitalismo de finales del siglo XX, centra su atención en la importancia que los sistemas democrático-liberales de occidente conceden a las esferas privadas. El patriarcado moderno sigue constituyendo una pieza clave en el rompecabezas de la democracia legal/formal: la familia heterosexual sigue siendo la base de las relaciones capitalistas de propiedad, intercambio y explotación. Ello explica las políticas modernas de apoyo a la familia [especialmente en un contexto económico], los incentivos por tener hijos o las deducciones fiscales. Si tal y como afirma el discurso hegemónico la familia es el núcelo natural y esencial de cualquier sociedad, ¿por qué las democracias occidentales tienen que recurrir a incentivos diversos? ¿Por qué ese componente básico de la sociedad sigue siendo motivo de regulación política y social?

En este punto confluimos de nuevo con la crítica queer al sistema familiar patriarcal, que advierte que la democracia liberal/formal, a pesar de proponer la liberalización y no-interferencia del Estado en la mayor parte de los ámbitos socioeconómicos, sigue manteniendo una rígida agenda con respecto a las familias [se sobreentiende que heterosexuales y de estructuración tradicional]. El sexo importa a la democracia, en tanto en cuanto, la reproducción sexual es inherente al núcelo mismo de las relaciones sociales de producción capitalistas [ojo, utilizo el término marxista pero sin ninguna reivindicación socialista del término]. Los teóricos queer argumentan que sólo una lucha a gran escala contra las relaciones producto de la heternormatividad, contra sus identidades y sus estructuras básicas, lograría socavar los fundamentos mismos de las democracias capitalistas.

http://comodarlelavuelta.blogspot.com/

viernes, 23 de septiembre de 2011

La mariquita: un bicho raro con crisis de identidad


Una de las puestas en escena más significativas del sujeto homosexual llevadas a cabo por Disney tiene lugar en Bichos, su tercer filme de animación por ordenador después de las dos entregas de Toy Story, películas estas tres que, sorprendentemente, superan con creces, en lo que a guion se refiere y a la construcción de los personajes, a los clásicos de animación convencional de la factoría. Podríamos llevar a cabo una lectura de conjunto de Bichos en la que veríamos cómo el contexto general de la película sirve de encuadre perfecto para situar la problemática de la visibilidad homosexual, de la doble vida del individuo gay, del solapamiento en su existencia de la verdad y la mentira y de la generalización que tiene lugar a lo largo y ancho de todo el largometraje de una noción de verdad ficticia o ficción verdadera, más allá de la cual no se puede ir, a saber, del borramiento de un punto de referencia privilegiado desde el cual poder decidir entre lo verdadero y lo falso, lo auténtico y la mera apariencia.

El núcleo argumental del filme es la vida de un hormiguero que vive bajo el chantaje periódico de los saltamontes, a los que han de ofrecerles comida a cambio de que éstos no les destruyan el hormiguero. Flic es la hormiga protagonista que decide partir del hormiguero para buscar ayuda fuera. En la gran ciudad confundirá a una compañía de circo con un montón de valientes y terroríficos insectos, contratándolos para defender su hogar amenazado.

El personaje sobre el que nos vamos a centrar se llama "Francis", un insecto perteneciente a esta compañía de artistas de circo, gente de teatro especializada en el fingimiento, en hacer parecer verdadero lo que supuestamente no lo es, el mundo de la representación frente al de la realidad. Los compañeros de Francis son una araña, un escarabajo rinoceronte de aspecto terrorífico pero absolutamente tímido y asustadizo, y un insecto palo que se queja todo el tiempo de que nunca puede hacer de sí mismo, sino de escoba, de astilla. Llega a decir literalmente que él no es más que atrezzo. En una escena de la película, Francis lo lleva agarrado volando y, al atravesar las ramas de un árbol, se le cae y sigue volando con una ramita de verdad sin darse cuenta del cambiazo. La confusión reina hasta tal punto que el insecto palo lo único que se le ocurre decir para ser visto es : "Soy el único palo que tiene ojos". Dicha compañía teatral va a ser tenida todo el tiempo por el hormiguero por un aguerrido ejército de mercenarios que van a luchar contra los saltamontes. Flic sabe la verdad pero la oculta. También él miente, todos mienten. Todo el hormiguero llega a verse envuelto en una gran mentira: construir un pájaro falso con hojas para asustar a los saltamontes. Cuando al final empiecen a pedirse explicaciones, todos habrán mentido. La escena más terrible, cruel y sanguinaria de la película es cuando un pájaro, esta vez de verdad, acaba comiéndose al jefe malo de los saltamontes. Resulta verdaderamente impactante por lo inusitado de tal demostración de violencia en una película para niños. Sin embargo, por primera vez en la historia del cine de animación, Bichos vuelve a sorprendernos cuando, tras los créditos, aparecen una serie de tomas falsas en las que los protagonistas aparecen como actores de verdad, como personajes reales que han estado actuando en la película. En una de estas secuencias vemos la toma falsa de la escena en la que el pájaro se come al saltamontes, descubriendo que el pájaro utilizado en la película era una maqueta, un engendro mecánico y que la muerte, efectivamente, no se ha producido. La línea del horizonte de lo verdadero como punto último de referencia se va desplazando continuamente, quedándonos con la idea de que dicho desplazamiento puede ser ilimitado, con lo que, finalmente, careceríamos de criterio para discernir entre lo verdadero y lo falso, para desenmascarar la apariencia y el fingimiento. Se podrá decir que el criterio de verdad de Bichos, la verdad última y lo que decide al fin y al cabo son precisamente las tomas falsas: extraño criterio de verdad posmoderno donde a lo último que se puede aspirar en la escala del saber, como máximo referente de autenticidad es, justamente, a la toma "falsa", desechada, inválida, inservible.

Mas volvamos a nuestro personaje, Francis. Francis es un insecto, una mariquita. Nada de particular en que un personaje de una película de bichos sea una mariquita. La asociación del significante "mariquita" con un uso peyorativo para insultar a los homosexuales varones no necesariamente ha de estar implicada y no ocurre del mismo modo en todos los idiomas. La homonimia existe, pero jugar con ella no es de obligado cumplimiento. Tampoco es el caso de que estemos forzando nuestra interpretación y, guiados por nuestro particular interés, nos fijemos en el personaje de la mariquita para extraer de él un material que confirme o apoye tesis previa alguna. Todo es mucho más fácil y evidente. Francis es una mariquita y en Bichos se utiliza la homonimia de este vocablo para crearle a Francis una crisis de identidad: Francis es insultado, vejado, humillado por propios y extraños que lo llaman mariquita en sentido peyorativo, refiriéndose directamente a su opción sexual. El propio personaje está construido, como veremos a lo largo de seis secuencias significativas, desde la ambigüedad que supone portar este nombre, ser (una) mariquita.

La primera aparición de Francis ocurre cuando sale a escena, en el circo, para actuar. La actuación consiste en aparecer disfrazado de flor y recitar poesías. Francis lleva una corona de flores y sus movimientos son decididamente afeminados. Su rostro es absolutamente femenino, con dos parches de colorete y enormes pestañas. Su gesticulación, su vuelo, sus ademanes nos hacen pensar en todo momento que la mariquita es de sexo femenino. En medio de la actuación, dos moscardones que están entre el público, llevados por esta misma presunción, increpan a Francis groseramente: "¡Eh, nena! ¿Quieres salir con un insecto de verdad?". La oposición entre "la mariquita" y "un insecto de verdad" es inequívoca; una mariquita no es un insecto de verdad. Donde dice "insecto", evidentemente, hay que poner "hombre": la mariquita no es un hombre de verdad, un machote. Paralelamente, las moscas, están haciendo alarde de su hombría ante lo que presumen es una mujer, ofreciéndose sexualmente a ella como hombres de verdad. A Francis esto parece no gustarle y se va volando delicadamente todo está preparado para engañar al espectador hacia las moscas. De repente, su actitud cambia, se arranca la corona de flores, la tira con violencia y les espeta a las moscas: "¡Qué! ¿Que por ser una mariquita tengo que ser chica?"; éstas reaccionan con asombro, lo mismo que nosotros: "¡Ahí va, es un tío!". Las apariencias, también en este caso, nos habían engañado. Se puede ser una mariquita y ser del sexo masculino. Parece ser que ésta no era la primera vez que le sucedía esto a Francis y no será la última. Al contrario, todo el mundo dará por supuesto que la mariquita es de sexo femenino. El enfado de Francis es monumental y saca a relucir su lado más machirulo y viril, un vozarrón en tonos bajos y rotos, un comportamiento desafiante y agresivo, completamente macarra. Tanta exteriorización de violencia hace llorar incluso a unas pequeñas larvas que hay entre el público, que se asustan del miedo que les da Francis cuando abandona su habitual aspecto de mariquita. Una mariquita que es un tío y además es un broncas asusta a cualquiera, además de sorprender.

Una segunda secuencia nos muestra a su amigo, el insecto palo, terciando en la disputa con las moscas: "No habléis así a Mari". Francis responde: "Te he oído larguirucho". Su propio amigo no le llama por su nombre, sino que le llama Mari, burlándose de él, entrando en el juego. Hasta ahora tenemos planteado un problema, digámoslo así, de género: Francis es un hombre con un "cuerpo de mujer", un hombre, un insecto de sexo masculino que pertenece a una especie cuyo nombre genérico es el de "mariquita", lo que induce al equívoco. Pero este problema viene a solaparse con un segundo problema no menos importante, a saber, que "mariquita" no sólo es un nombre que lleva a pensar en lo femenino por la semejanza con el morfema de genéro "-a", sino que es un término corriente en castellano para designar peyorativamente a los gays. Francis, además de sufrir un problema de género, padece las consecuencias de una opción sexual socialmente denigrada. Francis es un hombre con apariencia de mujer, pero sigue siendo un hombre; Francis es un hombre en el cuerpo de una mujer, un transexual; Francis es además (una) mariquita, digámoslo también, un travestido. Las cosas se le complican muchísimo: no tiene más opción que la de escoger entre transexual o travestido, heterosexual o gay. Todo ello por ser portador del significante "mariquita". Dejemos aquí, por el momento, la cuestión. Y sigamos con la caracterización progresiva del personaje.

Una tercera secuencia nos muestra el encuentro con las moscas, después del desafío de Francis, en un bar, ya fuera del circo. Éstas aparecen y, al verlo, dicen: "¡Ahí está esa!", designándolo en femenino. Y empieza una brutal escena, una horrible escena de provocación y de humillación de una violencia de género absolutamente increíble: "¿Cómo estás marinena?", "¡Qué bonita! ¡Qué bonita es la mariquita!", dicen las moscas, que son tres y una es enorme, mientras sujetan cada una las alas de Francis y las mueven de arriba abajo. El espectador gay, yo en este caso, se siente por completo horrorizado al ver retratado de esa forma tan realista algo demasiado conocido y que pone los pelos de punta. En una película de dibujos animados, en una película inocente para niños cuyos personajes son insectos, de pronto aparece una escena de humillación y violencia contra una mariquita tal cual. En esta secuencia del bar, a mi juicio y desde mi sensibilidad, es clara la preponderancia de la discriminación por opción sexual, por ser marica, sobre la de género. Se pueden hacer muchas lecturas de esta escena, pero quien no reconozca a dos sujetos homófobos humillando a un gay, llamándolo "marinena" y diciéndole "qué bonita es la mariquita" sencillamente no está interpretando, está participando en un cierto holocausto. No se necesita mayor confirmación. Aun así la cosa sigue y se disipa cualquier equívoco posible cuando una de las moscas le dice a Francis: "¡Vamos, payaso, levántate y lucha como una chica!". Esta vez se dirige a él en femenino, se da por enterado de que es un hombre, pero le dice que luche como una chica. No recuerdo ninguna otra escena de cine no animado tan descarnada como ésta.

Una cuarta aparición de Francis, menos violenta en los términos y queriendo ser más simpática, nos lo muestra rodeado de las hormigas benjaminas del hormiguero que lo han hecho su héroe. Éstas aparecen y le dicen: "Señorita Francis [...] Por votación será nuestra madrina honoraria". Las pequeñas lo han tomado sin más por una señorita y lo han convertido en madrina. Su nombre, encima, es susceptible de declinarse en femenino, ya que en nada estorba al oído que el señor o el señorito Francis, pueda pasar a ser la señorita Francis. Nuestro protagonista se resigna. Éste parece ser su sino.

Poco después, de nuevo rodeado e incordiado hasta el infinito por sus pequeñas admiradoras, dejándose hacer, dos señoras hormigas que contemplan la tierna escena se dicen la una a la otra: "Mira, es como una madre para todas". Francis también es madre. No puede evitar esta actitud maternal tampoco. Todo le va estupendamente de cara a la galería y recibe aprobación y obtiene incluso éxito social cuando se comporta como una mujer. Cuando decide mostrarse tal y como es, como un hombre, las larvas del circo salen llorando y, en esta escena, cuando se cansa de ser madre y madrina y espanta a las hormigas, todas las pequeñas que tanto lo adoraban se echan a llorar. A Francis le cuesta mucho trabajo ser auténtico. No le dejan ser lo que es. En cuanto lo intenta, es inmediatamente sancionado. Si es que sabe lo que es y quién es, lo que quiere y lo que le gusta, cuándo finge y cuándo no: está absolutamente extraviado en lasperformatividades de género.

La última secuencia en la que se resuelve el peculiar conflicto de esta mariquita sucede del modo siguiente: Flic, la hormiga protagonista, se siente derrotado. Todo le ha salido mal y exclama desconsolado: "Dime una cosa que haya hecho bien". Sus amigos del circo intentan consolarlo de algún modo hasta que el insecto palo da con la clave para nuestro asunto: "De no ser por ti, Francis no habría entrado en contacto con su lado femenino". Outing a lo bestia. Delante de todo el mundo, su mejor amigo reconoce que Francis tiene un lado femenino que no quería reconocer, pero que por fin lo ha hecho. La mariquita intenta resistirse, pero no puede: "¿Ah sííí? Pues,... ¿sabes?... tienes razón".

La solución final del conflicto de identidad parece suavizar las cosas y dejarlo todo en tonos grises, en vez de los tonos rojos sangre de la mariquita, salpicados y contrastados por negros puntos. Moraleja Disney: todo los hombres tienen su lado femenino y está bien y es bueno que lo reconozcan y lo asuman para ser más felices, más sincero consigo mismos y mejores hombres, al fin y al cabo. El problema es cuando dicha problemática se vehicula a través de un significante tan marcado como es el de "mariquita" que lleva las cosas por muy distintos derroteros, cambiando el escenario completamente y remitiendo a una problemática social mucho más sangrante. Aparte de que esta magnífica moraleja de Disney en absoluto concuerda con la mayoría de las mentalidades paternas y maternas que están viendo la película. A muy pocos padres les agradaría ver (ni mucho menos contribuir ni fomentar) cómo su hijo va descubriendo e integrando sin conflictos su lado femenino. A casi ningún padre le agradaría que, después de ver Bichos, su hijo saliera de la sala impactado por Francis, habiéndose identificado con él hasta la médula y que en adelante Francis fuera su héroe en vez de Flic, la hormiga audaz, valiente y aventurera, verdadero protagonista de la historia. Seguramente, cuando su hijo le pidiera tener Bichos en vídeo y le exigiera comprarlo con la carátula de Francis (el vídeo se comercializa con cuatro carátulas distintas, una de ellas, con la mariquita), a lo mejor no se plegaba a sus deseos, poniendo quizás como excusa, que lo importante es la película, no la carátula, sin querer dar su brazo a torcer.

Lo más curioso de la crisis de identidad de este bicho raro que es la mariquita es que sólo se produce en estos términos para los espectadores castellanoparlantes. Es decir, que Francis sólo es homosexual cuando vemos Bichos en castellano, idioma en el que "mariquita" tiene esta connotación inequívoca (no queda excluido que ocurra también en otro idioma). En inglés, la lengua original de la película, las cosas suceden de otro modo: Francis no tiene ningún conflicto homosexual no asumido, su problema es sólo uno, que porta un nombre genérico que contiene dos lexemas, uno de los cuales es lady. En inglés [1], mariquita, el insecto, se dice ladybug o ladybird. ¿Cómo ser lady y ser un tío? es el problema de Francis en inglés. Lo que las moscas le dicen es: "Hey, cutie!, wanna pollinate with a real bug?". Una ladybug no es a real bug. Ladybug, para las moscas, parece ser una contradicción en los términos. Lo que intenta desmentir la respuesta de Francis: "So, bein' a ladybug automatically makes me a girl, is that it, fly boy?", con pocas probabilidades de conseguirlo, ya que, a todas luces, está diciendo una tontería: ser una lady no implica necesariamente ser una girl. Evidentemente que no, pero eso es algo que hay que explicárselo a las moscas, de género insecto, de género humano o de género imbécil. Es necesario explicar por qué se puede ser un hombre en un cuerpo de mujer, por qué se puede ser un hombre con aspecto de mujer, etc., etc., etc.

(Fragmento de “Disgayland: Fantasias animadas de ayer y hoy” de Paco Vidarte)

viernes, 16 de septiembre de 2011

El Giro a la Derecha: La Economía Rosa y la Comunidad Gay

(Fragmento de “La lucha por la liberación gay y lesbiana” de Marçal Solé y Paso Gredilla)

Algunos de los que reconocen que el ambiente gay no aporta liberación de ningún tipo, decepcionados, no quieren saber nada de él. Ya sea de forma irónica o por desesperación, han llegado a pedir el cierre de los lugares de ambiente. Exageraciones aparte, se han dado cuenta de hasta qué punto el ambiente comercial gay está impregnado por los valores del mercado. Pero el impacto de las relaciones capitalistas no termina con el intento de las grandes compañías multinacionales de apoderarse del mercado gay. El propio mercado da forma a lo que se supone que significa ser gay.

La llamada economía rosa se utiliza para definir el supuesto estilo de vida gay. La comercialización de la "identidad gay" ha alcanzado muchos aspectos diferentes de la vida de la gente. Esto no es algo exclusivo de la lucha por los derechos gays. Muchas otras luchas que comenzaron como un desafío al sistema han sido expropiadas por el propio sistema cuando los que las dirigen se dan cuenta de las posibilidades de explotar un determinado mercado.

La lucha para acabar con la opresión de gays y lesbianas deja de ser, por tanto, una lucha contra el sistema para, abandonando la resistencia al mercado, convertirse en una aceptación del mismo. La revista semanal de los empresarios The Economist expresa muy bien esta idea: "Están apareciendo los primeros miembros de una nueva clase única: jóvenes gays que nunca han tenido miedo de ser asaltados o insultados... son la primera línea de una generación a la que podríamos llamar post-gay: una generación que podría crecer preguntándose de qué iba todo el movimiento" .

La división de clases que surge del capitalismo significa que hay gays de la clase dominante y de la clase trabajadora: los que tienen interés en defender al sistema y aquéllos cuyo interés objetivo es acabar con él. La economía rosa, que según muchos teóricos gays es lo que mantiene unida a la comunidad gay, muestra estas divisiones y antagonismos de una manera muy clara.

Los empresarios gays se aferran a la idea de la comunidad gay como una forma de legitimar sus actividades: "Todos los gays y lesbianas están en el mismo barco, por tanto deberían luchar juntos contra la discriminación" , nos dicen. Esta frase, sin embargo, está ocultando la naturaleza de clase de la opresión, el hecho de que los que tienen una posición más desfavorecida en la sociedad se enfrentan a la opresión de forma muy diferente a la de aquellos que están en la cima.

La falta de consistencia de esta idea de comunidad de intereses, quedó en evidencia durante las movilizaciones del 5 de octubre de 1996 en Sitges (Barcelona). El Ayuntamiento de esta localidad, gobernado por la derecha (coalición CiU-PP), estaba llevando a cabo una serie de actuaciones claramente homofóbicas como la apertura de fichas por parte de la policía municipal a homosexuales que eran detenidos en la calle. Como respuesta lógica, el FAGC convocó una manifestación de protesta en las calles de Sitges. Los empresarios gays, propietarios de los locales de ambiente, temerosos de que sus negocios se vieran afectados, cerraron sus bares como medida de presión contra la celebración de las movilizaciones, que fueron calificadas de provocación y de intento de crear crispación. Los empresarios fueron apoyados por un grupo del movimiento gay de tendencia reformista que, a su vez, desconvocó la manifestación.

Lo que debería haber sido una manifestación masiva para combatir la homofobia, se convirtió en un acto mucho más minoritario al que asistieron activistas gays y lesbianas y, junto a ellos, personas de otros movimientos de izquierda que querían plantar cara a la homofobia de la derecha. Desgraciadamente, a la convocatoria, probablemente atraídos por la división dentro de la "comunidad gay", también asistieron grupos de nazis que ejercieron su violencia contra los manifestantes.

Parece ser que ni a los empresarios, ni al grupo reformista, les importaban mucho los ataques recibidos por otros miembros de su comunidad, ya fuesen procedentes del ayuntamiento de derechas o de los skinheads nazis.

Hay que decir que muchos militantes de izquierda aceptan la idea de una comunidad gay. Se argumenta que "lo que une a las lesbianas y gays son sus experiencias sexuales similares y la discriminación que sufren, que no es más que el resultado de los prejuicios contra su sexualidad". Según esta idea, un hombre blanco gay rico, si pierde su trabajo por ser gay, estaría viviendo la misma situación que una lesbiana negra pobre que perdiese su trabajo por la misma razón.

Pero una simple mirada al estilo de vida de los gays de la clase dominante muestra que viven en un mundo muy diferente al de la mayoría de gays y lesbianas de clase trabajadora. The Advocate , una de las revistas gays más vendidas en EEUU, publicó recientemente una entrevista con Alan Gilmour. En ella nos habla de las dificultades que tuvo para asumir su homosexualidad y para vencer los prejuicios en su empresa tras su salida del armario. Hay que decir que hasta 1994, Alain Gilmour fue vicepresidente de la fábrica de coches Ford, lo que le convirtió en uno de los directivos con más influencia en los EEUU. Aunque en 1994 dejó a Ford , continúa formando parte del consejo de administración de Prudential Insurance, Dow Chemicals, Detroit Edison, US West y Whirlpool. En la entrevista nos dice que aunque está muy ocupado, todavía le queda tiempo para supervisar la construcción de la casa de sus sueños, una mansión de cuatro pisos y 1.200 m² en Detroit.

Por más simpatía que tengamos hacia la lucha de Gilmour para asumir su sexualidad, hay que reconocer que su estilo de vida y su riqueza pertenecen a un mundo muy alejado del de los trabajadores, que se ven obligados a trabajar largas jornadas a cambio de bajos salarios en la cadena de producción de la Ford, muchos de los cuales son gays y lesbianas.

Tal como cuenta en la entrevista, los viajes que hizo durante sus vacaciones, o por negocios, fueron de gran ayuda para Gilmour a la hora de asumir su homosexualidad. Pero la mayoría de la clase trabajadora en EEUU ha perdido un 19% del poder adquisitivo de sus sueldos, desde los años 70. Ellos no pueden permitirse este lujo. Sus principales preocupaciones son la vivienda, la sanidad, la educación o necesidades tan básicas como la comida y la calefacción. Habría que hacerse una pregunta: ¿De qué lado se pondría Gilmour si los trabajadores de sus empresas (gays y lesbianas incluidos) se pusieran en huelga para pedir un aumento de sueldo que les permitiera llevar un estilo de vida con el que poder afirmar su propia sexualidad?

jueves, 15 de septiembre de 2011

Capitalismo, Represion Sexual y Consumo




El recto caminar


Por Javier sáez


La capacidad de digestión de los sistemas sociales es casi ilimitada. El capitalismo del siglo xix era un capitalismo de producción, basado en una mano de obra abundante para la fabricación de mercancías. Este sistema favoreció la natalidad en el seno de las familias, y proscribió las prácticas sexuales estériles, como la homosexualidad y la masturbación.

El capitalismo del siglo xx cambia de forma, y se convierte en un capitalismo de consumo. El motor de las economías es su capacidad de gasto. La automatización de los procesos hace que sobre cada vez más mano de obra, y a la vez se hace necesario que todos los individuos consuman cada vez más objetos. En esta dinámica del gasto, cualquier colectivo es admitido y reconocido en la medida en que sea agente del consumo; por ello, los homosexuales van a ser aceptados cada vez más en el seno de las sociedades capitalistas occidentales. Por otra parte, la masturbación pasa a ser reconocida como práctica normal, y es incluso fomentada desde el discurso médico-psiquiátrico como algo "saludable".

Esta normalización del homosexual como consumidor se realiza por medio de la generación de un conjunto de objetos de consumo y espacios de ocio dirigidos a los gais, y a la codificación y conformación de dichos gustos. Los gais -presuntos consumidores- son consumidos por esta propaganda. El único espacio de representación posible es el del mercado, que etiqueta a los colectivos destinatarios fijándolos a una identidad grupal y -en ocasiones- subjetiva.

El potencial subversivo de la disolución de los géneros queda desactivado en favor de una categorización identitaria. La pinza del discurso psicológico y del discurso económico fija a los gais en su casilla correspondiente. Sus reivindicaciones se limitan a conseguir los privilegios que generó el capitalismo para proteger la propiedad privada: el matrimonio. No es extraño que una sociedad con una tradición tan mercantil como la holandesa haya sido pionera en reconocer estas prebendas a los gais y lesbianas. La lucha de clases nos afecta más de lo que pensamos. El capitalismo no es -en contra de lo que los manuales estalinistas suelen decir- algo "económico". Es una maquinaria que atraviesa los lenguajes, las identidades, los discursos, el ocio, las formas de representación, el uso de los cuerpos. Subsunción de lo real en el capital.

Paralelamente, la revolución que había inaugurado freud en el comienzo del siglo xx, el psicoanálisis, va a sufrir una neutralización brutal a manos de ese mismo mercado. Olvidando (o rechazando) el cuestionamiento radical del sujeto que plantea freud, las generaciones posteriores de psicoanalistas van a convertir esta disciplina en una nueva chuchería para el mercado de la salud mental. Contra esta miseria de las ciencias humanas levanta lacan su extraordinario edificio teórico, un retorno a la radicalidad de freud que le costó su expulsión de la asociación psicoanalítica internacional.

Freud lleva los discursos de la filosofía y de la psicología a un punto de crisis sin retorno, problematiza cualquier identidad sexual (incluyendo la heterosexualidad), afirmando la imposibilidad de construir un saber sobre el sujeto, asumiendo la pérdida del ser por lo simbólico, y destruyendo el mito de la armonía entre los sexos. Desde ese lugar vacío las estrategias de liberación gais y lesbianas pueden construir líneas de lucha de una enorme potencia subversiva. Para evitarlo, los maestros de la divulgación y los académicos de la universidad han reducido el trabajo de freud y de lacan a una rosario de tópicos donde vuelven a anidar la esperanza, el saber y la normalización sexual. El complejo de edipo sería, según esta vulgata freudiana, un proceso de "maduración" natural que conduciría a una identidad sexual final sana. Los que tropiezan en este camino de perfección serían los pobres neuróticos y los psicóticos, mientras que los que avanzaron firmes en el sendero del "equilibrio" alcanzan la felicidad. Y si no, unas sesiones de diván nos devolverán al recto caminar (del otro recto, nada que aprender). El psicoanálisis en la coctelera de la new age: energías positivas, autoestima, ayuda, felicidad, salud mental, sexualidad armónica, paz interior. El mismo higienismo, la misma esperanza, el mismo miedo. Dios siempre se cuela por la puerta trasera.

El consumo (de objetos y de sujetos) nos seduce con su semblante de satisfacción, y desactiva el activismo político. Las estrategias de lucha de gais y lesbianas deben articularse con las de otros colectivos, por fuera o al margen de los cebos del amo. El enemigo no es (sólo) la homofobia, sino la matriz que subyace en el odio al otro: a un goce distinto, a una lengua distinta, a una piel distinta, a una clase distinta. Un gitano rico ya no es un gitano, es "el señor montoya". Un gai rico ya no es un maricón, es "ese chico tan majo del 5º". ¿están entre nuestras preocupaciones la pobreza, el racismo, la tortura, la explotación laboral, el derecho a la vivienda, la locura armamentista? Si, como decía gramsci, un fascista es un liberal asustado, ¿en qué dirección correremos cuando "nuestros intereses" se vean amenazados?

sábado, 3 de septiembre de 2011

Musculos y Masculinidad: Strippers

Tomado de “Cuerpos construidos para el espectáculo: transformistas, strippers y Drag Queens” de José Fernando Serrano Amaya

Si bien la presentación de espectáculos en los que el centro es la exhibición de atractivos cuerpos masculinos no es nueva e n los bares gay, e n los últimos tres años esta actividad se ha generalizado y vuelto cotidiana y en algunos casos ha desplazado las presentaciones de transformistas corno actividad principal.

Por otra parte, desde fines de los ochenta algunos bares gay se desplazaron del centro hacia el norte de la ciudad, buscando dejar de lado las connotaciones de clandestinidad y sordidez y asimilándose más al modelo de las discotecas heterosexuales de moda; además del costo que implicaban para algunas personas, en ellos se rechazaba la presencia de travestís y se restringía la entrada a quienes no compartían una estética juvenil y de moda.

Los strippers presentan una construcción de cuerpo que se encuentra en el extremo opuesto de la anterior (Transformismo Femenino): un cuerpo musculoso producto del gimnasio que se luce mediante ropas deportivas, uniformes militares, industriales o de trabajo pesado, bajos las que hay prendas que resaltan los pectorales, los genitales y las nalgas. Sus referentes están en los cuerpos que circulan por los medios de comunicación, la publicidad, el fisicoculturismo y algunos ideales estéticos de la culnita gay*.

El acto del stripper y su destreza están en saberse desnudar mientras baila, de una manera similar a los shows de mujeres para hombres heterosexuales; existen también strippers para bares de mujeres heterosexuales, pero a ellos n o me referiré aquí. En algunos lugares gay, la presentación del o de los strippers ocupa un lugar central en la noche de rumba mientras que en otros resulta siendo un acompañamiento que no causa interrupción en el ritmo de la música. De acuerdo con los sitios y los sujetos se han ido estableciendo códigos sobre las partes del cuerpo que se muestran y el contacto que se puede establecer con el público: en algunos lugares los strippers salen y bailan hasta quedar en diminutas tangas mientras que en otros, luego de esto se retiran y vuelven a salir mostrando el pene en erección; en otros sitios más se permite que durante unos minutos el público los toque y les frote aceite.

Con respecto a sus historias, algunos de ellos han sido bailarines de pequeños grupos que hacen acompañamientos a actos en sitios nocturnos; otros han sido contactados en gimnasios y bares por personas que se encargan de organizar revistas musicales y otros más han llegado all í por iniciativa propia. Si bien muchos de estos strippers son homosexuales, tienden a comportarse de manera similar o la de hombres heterosexuales, por ejemplo haciéndose acompañar de mujeres mientras están en los bares y rechazando cualquier acercamiento y actitud gay.

Algunos strippers hacen presentaciones privadas e n fiestas y otros eventos y en este tiempo se ha ido consolidando un grupo dedicado a ello como actividad laboral principal. Los espectáculos d e strippers están en proceso de formación, a diferencia de los de transformistas que han logrado cierta especialización. Al momento se han organizado algunos concursos de strippers y ellos ya hacen parte de la cotidianidad de muchos bares gay.

_________________________________________

* Aquí me refiero sobre todo a la estética que circula en l a industria pornográfica gay, que incluye revistas, películas, líneas "calientes" y objetos diversos. Mucha d e esta producción nos llega de los Estados Unidos; ya se han realizado e n la ciudad presentaciones de algunas estrellas del cine porno gay norteamericano.

miércoles, 31 de agosto de 2011

El Nuevo Orden Homosexual

Por Javier Sáez

El modelo de identidad sexual dominante en nuestras sociedades sigue siendo el heterosexual. Desde los procesos iniciales de socialización de los niños (la escuela, la familia, la televisión), los referentes de identidad sexual se articulan en torno a la relación hombre/mujer, constituyéndose así un espacio de normalidad que se percibe como natural. De este modo, la heterosexualidad será el destino para todo sujeto, quedando al margen del discurso y de las representaciones cualquier otro tipo de sexualidad.

En el llamado mundo occidental, y no desde hace mucho tiempo, se emplaza a los individuos para que construyan su identidad consciente reconociéndose sujetos de una sexualidad, como si nuestro cuerpo sexuado nos entregara a una interpretación de nosotros mismos y de las formas de relacionarnos con los demás. Desde el principio, un hombre debe reconocerse en los atributos de lo masculino (fortaleza, inteligencia, vitalidad, potencia, iniciativa...), esperar un placer derivado del sexo con las mujeres y tener unas expectativas de pareja y paternidad para el futuro. También existen prototipos de cómo ser "toda una mujer": cariñosa, sensible, pasiva, maternal, hogareña y, por supuesto, con el deseo orientado hacia los hombres.

Lo expuesto hasta ahora es bien conocido, forma parte de nuestra cultura y ha sido analizado y criticado en numerosas ocasiones: la identidad sexual y de género como dispositivo de verdad de uno mismo, como forma de reconocer y construir una subjetividad. Gracias a este análisis es fácil comprender la existencia de un régimen de heterosexualidad. Pero, ¿y si en la actualidad estuvieran emergiendo otros regímenes? ¿Y si estas tecnologías de la sexualidad estuvieran desplegando nuevos discursos, nuevas identidades sexuales a las que adherirse?

Tal es el caso de la llamada "cultura homosexual". Hagamos un poco de historia: hace tres décadas se empiezan a conocer en EEUU los primeros movimientos de liberación de gays y lesbianas, a partir de la famosa revuelta de Stonewall. Travestis, gais, transexuales, lesbianas, bisexuales comienzan a organizarse y denunciar la homofobia, un régimen de opresión y violencia que existe sobre determinadas prácticas sexuales desde hace siglos. Poco a poco estos grupos empiezan a tener una cierta presencia pública y, aunque sus revindicaciones tienen aún poco alcance, en muchos países del ámbito occidental se van creando movimientos similares.

Paralelamente el mundo comercial empieza a atender a las demandas de ocio de gays y lesbianas (y a promoverlas). Aunque antes de esta época ya había lugares de ambiente en muchas ciudades europeas, a partir de mediados de los setenta empiezan a proliferar tanto en EEUU como en Europa numerosos bares, discotecas y saunas dirigidos a un público gay. El mundo de la moda también produce mercancías para este público, generando una estética que va a ser cada vez mas fácilmente reconocible como gay. El mercado de la pornografía se lanza a una producción masiva de revistas y vídeos saturados de muchachos superdotados, musculosos y bronceados.

El resultado de este movimiento, que inicialmente era de liberación, es la aparición de unos lugares donde se tolera la presencia de gays y lesbianas, los llamados guetos: el Castro en San Francisco, el Village neoyorquino, Chueca en Madrid.

Un análisis detallado del ambiente gay en la actualidad revela la existencia de una normativización cada vez mayor de esos espacios. La estética comienza a hacerse homogénea (calzoncillos Calvin-Klein, camisetas Versace,Moskino...), la música insiste en las mismas canciones (Village People, Pet Shops Boys, Madona...), los cuerpos se cultivan en una misma dirección (cuerpos danone, musculados, piel bronceada, ausencia de barbas o pelos largos), el ideal masculino (en vídeos, revistas, películas) supone un cuerpo joven, sin vello, atlético.

El mercado y la publicidad proporcionan todos los fetiches para una identidad sin riesgo, una forma de "ser" gay o lesbiana, es decir, un nuevo dispositivo de sujeción, que reproduce en parte los estereotipos del mundo heterosexual. Los discursos y las formas de representación que conforman este gay o lesbiana ideales, además de los tópicos estéticos señalados, suponen también unas cualidades morales: que tenga pareja (señal de felicidad y, sobre todo, de amor), que no sea del ambiente (promiscuo), que sea moderado (nada de salir del armario o de luchas políticas, hay que ser presentable, liberal), que sea limpio, que sea normal (nada de practicas raras como el sadomasoquismo o la pedofilia).

A su vez, por medio de este dispositivo de homosexualidad se consolidan tópicos acerca de los roles y las prácticas sexuales: la plumera/loca instalada siempre en una posición femenina y alegre, el lederón/oso aferrado desesperadamente a un papel hipermasculino, así como roles estables y excluyentes (ser activo o ser pasivo). En vez de "comprender que el género es una performance y que el artificio de la pluma es el mimos que el de la masculinidad", se transforman en dos identidades reales.

Este presunto "universo homosexual" o "cultura gay-lésbica", se fundamenta en buscar una verdad homosexual, en demandarnos confesiones sobre nuestras prácticas (Hablemos de sexo), en ofrecer continuamente estereotipos, identidades cerradas que clausuran la reinvención cotidiana del uso de los cuerpos, la subversión (o reversión) que encierra el romper los papeles asignados y el poder disfrutar de todo tipo de prácticas, como propone el movimiento queer. Para resistir a este nuevo dispositivo de sujección es imprescindible un cuestionamiento radical de nuestras formas de placer y de las formas de consumo ¿Por qué no presentarnos de drag-queen en una fiesta leather, o ir de sadomaso a las ruedas de prensa, o reivindicar los tríos y los cuartetos?- ¿Por qué no hacer los carteles de las fiestas gays con imágenes de cuerpos gordos o culos peludos?

En el nomadismo está la supervivencia contra este nuevo orden homosexual, en cuestionar las representaciones tópicas que encierra, en se capaces de producir nuevas formas de vivir y de disfrutar, negándonos a extraer una verdad sobre los sexos.


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